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Ver la versión completa : Cuento Corto



blurmama
29-08-2009, 18:44
Es la primera vez que Posteo espero les agrade nu se, por otor lado se que posiblemente no entiendan algunos terminos, inkakola(refresco similar a la coca cola de color amarillo) y otros mas a sorry por las faltas que puedan dañar sus ojitos

Doña Rosa
… DE QUE TAMAÑO ES TU AMOR, LALALA, … anda mamita dime, de que tamaño eres tu cuánto vale…, se escuchaba, la voz roncona de Héctor Lavoe al final de la cantina entre las cervezas, las prostitutas y los gritos risas de los concurrentes, que acudían a la cantina de la señora Rosa, mi abuela una vez que la vio, cuando solía acompañarme mientras lustraba zapatos y botas en la plaza San Martin, le decía la hiena, por que se reía después de matar y al principio nunca entendí, porque decía eso.
A los 2 años mi abuela murió, ese día creí que la tristeza no dejaría de hacer nudos en mi garganta y maldecía el día en que decidimos venir a esta ciudad, que es tan tétrica siempre nublada o siempre más que calurosa, llena de ruido de ladrones y de nosotros, los pobres.
Lo que más odiaba eran las noches, los gritos de Doña Inés cruzaban las esteras, las travesaban y es que su marido le pegaba, hasta de lo que él hacia mal, mi hermana me cubría los oídos y a veces yo a ella. Siempre todas las noches lo mismo su esposo era un pescador, moreno de manos grandes, que solo reía en las calles, doña Inesita, era de aquellas mujeres que la vida le negó oportunidades y fue seducida por el mal amor, a veces la veía en el mercado, haciendo compras o arreglando con la señora de los quesos para que le dé un rinconcito y pueda vender sus torrejas, que a mí me encantaban, cuando le compraba, me daba tristeza ver su rostro marcado por la furia del negro ese.
A veces me sonreía frente a ella, de imaginarla sin esas marcas que linda, que linda... Todo mundo sabía que Leónidas le pegaba pero nadie hacia nada, a lo mucho le decían que ponerse, una vez intento denunciarlo, pero los efectivos de la comisaria, no le dieron importancia. Una noche mientras la arena recorría las calles de San Ilario se escucho sus gritos por un momento, pero extrañamente, un silencio recorrió el arenal, las esteras descasaron esa noche, a la mañana siguiente, no la vi en el puesto de quesos, solo vi a muchas mujeres, todas del comedor popular reunirse, hablar entre ellas y sus murmullos no los podía entender una de ellas rompió en llanto y la quesera, estiraba una bolsa recogiendo dinero. Al llegar a casa, después de ganar unos soles y quemarme toda la piel, vi en casa de Inés un cajón, ingrese casi hasta el ataúd cuando mi hermana me abraso y no me dejo ver más allá y fuimos a dormir, pero lo evidente no se puede ocultar, esa noche extrañe los gritos de doña Inés y una lagrima recorrió mi quemado rostro.
A la mañana siguiente me despertó el grito las madres del comedor popular, agarraron a negro Leónidas, se escuchaban gritos de justicia, justicia, la quesera que nunca cerraba su puesto ni en navidad, ni en feriado estaba ahí tirando de los pelos a Leónidas, llorando deseando despedazarlo, la policía que nunca se asoma a este rincón del mundo se lo llevo a no se sabe dónde. Yo solo miraba impotente pero en el fondo le deseaba la muerte a ese negro. Al llegar a la plaza no tenía ganas de trabajar, me canse de recorrer las calles que me recordaban lo caníbal que puede ser esta ciudad, llegue al final a la plaza San Martin cerca a la cantina de la señora Rosa que siempre me pedía q le lustre sus tacos rojos, en ese momento mientras ponía mis trapos y la escobilla sobre su pie cubierto por ese cuero rojo las lagrimas, caían, doña Rosa me miro, no dijo nada ni se inmuto, el día fue más que caluroso, a lo lejos se podía ver como del piso salía el calor como si fueran ondas q lo distorsionaban todo, en ese momento mientras lustraba los tacos de doña Rosa vi a la señora Alejandrina salir del baño de la cantina, no quise que me mirara, le dio la mano a doña Rosa y se despidieron como si se conocieran de tiempo, al terminar mi faena, me senté en la mesa y pedí una gordita de Incakola, doña Rosa se sentó a mi lado y me dijo: cuando seas hombre nunca te envicies en la cerveza eso le caga la cabeza a uno, termino con esas palabras y siguió fumando. Al terminar mi gaseosa, pensé retirarme pero en ese momento note algo extraño, una araña amarilla, como el color de los pollitos recién nacidos salía rápidamente de atrás de la cantina, donde estaban los mas bravos, enseguida salió doña Rosa y con su taco rojo la aplasto, cogió su pucho y regreso a dentro meneando sus caderas de tal manera que ese día entendí que ya me estaba convirtiendo en hombre.
Hoy fue uno bueno no sé cuantos zapatos vi cruzar mi lustra bota , hice casi 10 soles y una señora me regalo 3 con los cuales me compre un cebiche, y casi regresando a casa, para compartir mi felicidad con mi hermana y mi mamá vi al negro Leónidas, me escondí rápidamente para que no me viera, y vi como se encaminaba a la cantina de doña Rosa quien lo recibió con su contoneo y su humo de cigarro, al rato vi como se embriagaba y gritaba cosas, y al rato in silencio inusitado y de la nada vi una araña amarilla salir correteando cruzar la acera y vi a doña Rosa correr detrás de ella con un vaso de cerveza q termino de beber en plena casería y con el vaso la encerró, me acerque tímidamente y vi como doña rosa se la trago y susurro algo que deseo olvidar: negrito pegalón hoy termino tu día, espere casi hasta las diez de la noche y no había pista del Negro Leónidas. La cantina ese día cerró temprano llegue a casa y le conté todo a mis hermana y a mi madre quienes solo atónitas me escucharon. Nunca más me acerque por la cantina de doña rosa, ahora que tengo casi 43 años, la vi joven, como si el tiempo no hubiera pasado por ella, con ese menear de caderas que un día me engatusaron y otro me asustaron.

Xiah
29-08-2009, 22:54
Buena la historia... y la araña.
:D

jamapalooza
02-09-2009, 13:46
Me gustó tu historia, muy a lo Rómulo Gallegos. en realidad es muy buena, la limpieza y simplicidad en tu descripcion no hacen muy dificil entrar en la historia. Ojalá publiques mas