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Ver la versión completa : El Padre Asesino



Migdalim
19-08-2011, 15:53
esta es una pequeña narración que hice el año pasado... voy a ir agregando dos capitulos por semana... aquí van los primero dos disfrutenlos...


CAPITULO I
Jack N
-Pueden ir en paz.-, sonó en eco desde la parte delantera de la imagen de Jesucristo crucificado, proseguí a acercarme a la esquina izquierda donde quedaba una puerta, entré en ella, subí al tercer piso del convento, abrí la segunda puerta hacia la derecha, mi cuarto, aquél refugio de pensamientos en el que yace mi propio ser, reviso el reloj 8:15 PM, creo que ya es hora, abro el tercer cajón de mi mesita de noche, en él solo habita una llave, con ella remuevo la parte trasera del mueble donde están mis dos sotanas, allí está…. Mi hermoso rostro, aquella máscara de madera dura y acero, apenas veo el resplandor del metal reflejarse en mis ojos, siento ese crudo deseo, y una voz en mi cabeza que dice que si es la hora, la hora en que me pondré la máscara, en la que mi alma deja de ser el títere de mi cuerpo y se convierte en el titiritero de este, OH!, lo lamento, creo que todavía no me he presentado, mi nombre es Jack, Jack N para ser mas preciso, soy un predicador de la iglesia San Francisco, claro está, solo de día, luego de las 8 Pm, soy el Padre Asesino.

Traté de recordar dónde estaba, lo más rápido que pude mientras salía del convento en mi camioneta, ¡claro!, estaba en aquel bar, cerca de la carrera 84, siempre va los viernes. Entonces entré a un motel que quedaba al frente, pedí una habitación que quedaba un piso arriba de aquel bar, me puse mi rostro y empecé a observar. Eran las 8:34 Pm, se estaba quedando ebrio, le quedaba apenas media hora de vida, mejor que la disfrutara. 10:55 Pm, empezaba a extrañarme del Señor Fernández (así se llamaba aquel sujeto), cuando de repente apareció en la entrada del bar despidiéndose, caminaba como un cojo sin muletas sosteniendo un televisor, fue un momento inspirador para mi, sobretodo porque me decía que no habían más esperas y que ya había llegado el momento, solté una carcajada al viento, sostuve firmemente mi rosario, y fui hacia el vehiculo del Señor Fernández, a tres metros de mi objetivo se oía que cantaba algo, creo que era un vallenato, me acerqué a él usé mi rosario para cortar la circulación de oxígeno a su cerebro y lo monté en mi auto.

-¿Dónde estoy?- gritó con desesperación el pobre hombre, que, colgado de pies y de manos estaba en la pared de mi cuarto privado en la iglesia, -En su destino-contesté yo,-llegó la hora de purgar sus pecados-. – ¡Ha buscado al hombre equivocado señor!- me respondió, -Yo soy un hombre de bien, tengo familia, dos hijos, una esposa, por Dio…!- le tapé la boca con una bayetilla roja- - No Nombré Al todopoderoso, el solo hecho que usted siquiera lo nombre ya es un insulto!-,-Él, Señor Fernández, me ha encomendado una, misión se podría decir, esta misión es acabar a escorias como usted, acabar al mal del mundo.-. –Mfo mfe mgfateges- me trataba de decir, -lo siento señor Fernández, pero tiene que pagar-. Recuerdo que sus últimas palabras fueron –Mfo, mfo,mfoooooooooo.-, ahí fue cuando con mi mano rompí su tabique haciendo que muriera instantáneamente, no se lo merecía, había matado a 4 mujeres en 2 años, pero antes de matarlas las violaba, no merecía morir tan tranquilamente, al menos tengo el recuerdo que antes de matarlo orinó sus pantalones. Después de matarlo formé una cruz dentro de su nariz, cogí mis pinzas, arranqué el segundo diente de derecha a izquierda, lo metí en mi pequeño cajón donde guardo mi rosario formado por los dientes de la escoria que ya he matado, ya voy 55 dientes, ¡que record!. Subí el muerto a mi camioneta, sonreí, pensé en ¿qué pasaría si mis feligreses supieran que en la camioneta que uso con el dinero de ellos cargos muertos?, esa imagen me produjo una sencilla carcajada, llegué a una iglesia cercana, forcé la cerradura de la iglesia, si uso las llaves de la iglesia sospecharían, abrí la puerta, un gran corredor con escaleras a las campanas indicaban que pronto me quitaría a este muerto, cargué al cuerpo del señor Fernández hasta el campanario, usé una de las cuerdas para colgar el cadáver de manos y el otro para cuando el acólito llegara e hiciera sonar la campana todos pudieran ver cuando cae el cadáver. Salí del lugar, miré rápidamente mi reloj, 5:10 am, -ufff- pensé, -que alivio que tendré una hora de sueño-, entre al convento, el guardia me preguntó que estaba haciendo, le dije que de eso no se preocupara. Llegué a mi cuarto, siempre que regreso a mi cuarto luego de haber asesinado a alguien siento la satisfacción de cumplir con la misión de Dios, pero al mismo tiempo el morbo del momento en que descubran el cadáver. Repose mi cabeza sobre la almohada y dormí hasta las 6:10 am.

CAPITULO II
El Cadáver En la Iglesia

Eran las 8:00 am cuando llamaron a mi casa, era mi jefe, decía que era muy urgente, me dijo que necesitaba que fuera al convento de San Agustín, salí rápido de la cama, me vestí muy rápido, mi esposa se levantó y me dijo –¿Qué ocurre?-, yo le dije- No es nada querida, solo es un cadáver que encontraron cerca-. Maneje unas veinte cuadras al sur, cuando llegué habían muchas patrullas, mi jefe el gordo Javier me miró y me dijo- otra vez ese maldito desgraciado-, entré en la escena del crimen, estaba un hombre de altura media, la nariz destrozada y colgado de manos, no tenía un diente, que imagen tan impactante, en el portón de la iglesia estaba el acólito encargado del campanario, estaba desesperado, como si miles de piojos se alojaran en todo su cuerpo, hablé con él, estaba en shock, no me quiso decir nada, entonces vi a uno de los detectives, era calvo, alto, muy pálido, y con una extraña cicatriz en la nariz, le pregunté qué hacía en esa escena del crimen, él me respondió –contemplando la infinita paradoja a la que cada hombre está sometido-, tomo su tiempo para seguir hablando,- él ha regresado señor….- revisó mi apellido – Vega-, me causó mucha curiosidad que él supiera quién podría ser, le pregunté- ¿Quién ha vuelto?-, me miró y pude contemplar que le faltaba el ojo izquierdo, y casi inmediatamente me dijo- El Padre Asesino-.

-Pero qué curioso no me ha dicho siquiera su nombre y ya me ha dado mucha información-, -pero dígame señor cómo sabe que este asesino se llama “padre asesino”- solté una carcajada, el me miró serio, tomó su tiempo para contestar, miró al cadáver – la cicatrices son el recuerdo eterno de un pasado, el hombre que colgó a ese pobre feligrés me arrancó el ojo izquierdo, eran tiempos oscuros aquellos señor Vega, el mal rondaba por doquier, recuerdo que era el 6 de agosto de 1994, en aquella época yo vivía en Medellín, recién había cumplido mis 20 años y para serle franco yo no era la excepción a ese mal, era uno de los sicarios que contrató Pablo Escobar en sus años de gloria, cuando este murió me vine con mis compañeros a Bogotá.- suspiró- siempre supe que ese pasado me iba a atormentar, tantas familias, tantas madres, tantos niños, solo tuve que esperar 8 días, esperar conocerlo frente a frente, esperar conocer su rostro.
– En la televisión siempre lo nombran, El catedral, con esa forma tan tétrica de mostrar sus cadáveres, cuando lo conocí no fue lo que yo me esperaba, iba como a media cuadra del apartamento donde nos estábamos quedando con mis amigos, cuando sentí la fría respiración de un fantasma en mi nuca, voltee a mirar pero no me alcanzó el tiempo, me inyectó un somnífero, solo recuerdo ver una gran túnica negra deslizarse hacia mi, y una máscara diría yo que casi medieval-
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-De ahí lo único que recuerdo fue que desperté con cinta en la boca, colgado de manos, y veía un bisturí acercarse lentamente a mi cara, vi que mis pies estaban sueltos, aproveché para patearle el rostro, mientras aquél repugnante ser caía, el bisturí se enterró en mi ojo, lo dejé noqueado durante varios minutos, los suficientes como para soltarme con el bisturí, aquella patada me costó el ojo, pero me dio la libertad-.

-Agarré fuertemente el bisturí y enterrando en uno de los orificios de los ojos escuché el gemido final de aquella rata. Salí corriendo de ese lugar, aparecí en una fábrica muy vieja muy lejos del apartamento donde estaba viviendo, reporté lo que me había ocurrido a la policía, tardaron dos semanas en ir y cuando llegaron la fábrica había sido demolida, creo que ese gusano tiene poderes sobrenaturales- soltó una carcajada- lo mato, y desaparece el lugar donde vivía, y ahora de remate regresa de la tumba- siguió riendo, lo dejé hablando solo, me pareció una fuente fiable, pero sospechosa, le pedí al forense que me mandara una fotocopia de la autopsia para ver que podía encontrar en ella, aunque después me retracté y preferí ir a ver que encontraban, mientras tanto revisé en cada punto que había en la iglesia, en los balcones, las escaleras, cada habitación, lo único que encontré fue sangre coagulada, la puerta principal forzada y un hilo de una túnica blanca, creo que podría ser la del pastor que dicta la misa en esa iglesia, pero no pierdo nada con no descartar la posibilidad de que sea del catedral. Encontré cenizas (posiblemente del incienso), huellas de tamaño adulto, y nada más, que frustrante, evidencias tan vagas solo representan que este sujeto es muy bueno para matar sin ser detectado. Fui hacia el exterior, nada, solo pude ver un celador a una cuadra de la iglesia, hablé con el sujeto y me dijo que había cambio de turno, pero cuando estuviera el celador nocturno él le avisaría para que hablara, le dí mi número para que me llamara si encontraba algo de información. Hablé con mi jefe, le dije que la información era insuficiente hasta ver la autopsia. Subí en mi auto, y manejé hasta mi apartamento en la 160, tenía a mi esposa esperándome en la cama, esa es una oportunidad tenía que aprovechar.


comenten si les gusta... :dimequeyasalio: próximamente el capítulo 3 y 4....